martes, 11 de junio de 2013

Hackers 2

La película Hackers 2 narra una de las aventuras más importantes de uno de los crackers más populares de los Estados Unidos, Kevin Mitnick (Skeet Ulrich). Es por tanto una historia real, recogida previamente en el libro Takedown de John Markoff y Tsutomu Shimomura. El propio autor del libro es uno de los protagonistas de la película, ya que narró junto con el periodista estadounidense su colaboración con el FBI en la búsqueda y captura de Mitnick.


En concreto, Shimomura es un hacker que trabaja para el gobierno en la creación de sistemas de seguridad. Mitnick, que se encuentra en libertad condicional por varios delitos informáticos, decide crear un nuevo objetivo, aún más difícil que los anteriores, que le pondrá en el punto de mira del FBI. El popular cracker se centra en uno de los sistemas creados por Shimomura y sobre todo por un código que permite escuchar las conversaciones de los teléfonos móviles.

Cuando se encuentra en plena búsqueda de este importante código, descubre la existencia de software que permite la destrucción de cualquier fuente informática. Ante la amenaza que supone para el país, Shimomura decide colaborar con el FBI y comienza así una persecución que obligará a huir a Mitnick durante más de dos años. Al final, los inspectores de la policía consiguen atrapar al fugitivo y le juzgan por delitos informáticos.

En este film se recogen “las dos caras del hacker”. Por un lado, el informático que utiliza sus conocimientos para colaborar con la policía y desarrollar sistemas de seguridad gubernamentales, y el que tan solo busca realizar delitos mediante el pirateo de programas.

Esta dualidad, representada en dos personas en la película, está de actualidad aunque no por las mismas razones. En este caso, el país norteamericano busca al “traidor” Edward Snowden, como lo ha calificado el presidente de la Cámara de Representantes, Ohio John Boehner. El genio de la informática, como lo ha descrito la prensa estadounidense, ha publicado información confidencial del país, pasando de trabajar para la CIA y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) a quebrantar la ley y convertirse en un fugitivo.

De esta forma se presenta un debate sobre los piratas informáticos: ¿Su calificación, positiva o negativa, depende de si colaboran o no con el Gobierno? ¿Son Kevin Mitnick y Edward Snowden héroes o villanos?

Menores + Internet, ¿restringir o educar?



El 84% de los españoles aboga por restringir el acceso de los menores a Internet. Esa es la principal conclusión se extrae de la encuesta realizada por el CIS y de la que se hace eco el diario ABC. En este mismo sondeo, el 86% de los encuestados señalan que el principal peligro al que se exponen los jóvenes es la difusión de vídeos o fotos que puedan ser comprometidas. Si este temor es cierto, ¿por qué se quiere limitar el acceso a la red en vez de a las redes sociales?

Plataformas como Tuenti, Twitter o Facebook cuentan con escasas medidas de control, por no decir ninguna, a la hora de crear un perfil en sus redes sociales. Un mejora cualitativa en este proceso implicaría una reducción del número de menores que hacen uso de este tipo de plataformas, aún no cumpliendo las restricciones de edad especificadas las condiciones legales del sitio web.

En este sentido se disminuiría el número de peligros, pero no se eliminaría el problema. Para ello, no sirve de nada restringir el acceso a la red a los menores, sino educar en su utilización. De esta forma, el papel de los profesores y padres es fundamental para que el menor haga un uso responsable de los medios de los que dispone, y sea consciente de las consecuencias que puede acarrear.


Si se educa en el buen uso de Internet no debemos modificar la corriente que se ha implantado en el sistema educativo español y, por supuesto, en los hogares desde hace más de una década. Ahora los niños de cinco o seis años manejan mejor los dispositivos digitales que cualquiera de la generación del 90 a los 12. Esto supone un importante adelanto, por lo que hagamos por destruirlo, solo se trata de educar para mejorarlo.


Troyanos, ¿buenos o malos?


¿Hay espías buenos? ¿Hay espías malos? Entre estas dos preguntas se debate el ministro de justicia, Alberto Ruíz Gallardón, e incluso yo misma al leer la noticia que publica El Mundo. El periódico de Pedro J. Ramírez recoge una medida que incluiría el nuevo Código Procesal Penal, y que estaría preparando el titular de justicia junto con el ministro del interior, Jorge Fernández Díaz. En ella, se redacta una formula de lucha contra delitos de especial gravedad que permitiría el uso de “troyanos buenos”.

A priori, lo primero que se me viene a la mente cuando lees el titular de la noticia es aquella vez que este “gusano” entró en mi ordenador, vulneró mi antivirus y bloqueó mi sistema operativo. Entonces, si este tipo de software es perjudicial para los dispositivos y es utilizado por hackers informáticos, ¿por qué se plantea su uso para la policía?

Indagando más en la cuestión, he llegado a la conclusión de que en el mundo virtual no existen creaciones buenas ni malas. La base de un programa no es “maliciosa” desde su creación ni durante su desarrollo. Ese calificativo corresponde en realidad a la persona que hace uso del software y que lo que en realidad quiere es delinquir, vulnerar o hackear redes privadas o institucionales.


Por lo tanto, si este tipo de “gusanos” los emplea la policía para investigar y abortar operaciones delictivas o terroristas, quizás la opinión pública cambie su visión sobre los “troyanos” y, lo que es más importante, sobre los desarrolladores informáticos. Ellos crean un programa, tú decides como utilizarlo.