La película Hackers 2 narra una de las aventuras más
importantes de uno de los crackers más populares de los Estados Unidos, Kevin
Mitnick (Skeet Ulrich). Es por tanto una historia real, recogida previamente en
el libro Takedown de John Markoff y Tsutomu Shimomura. El propio autor del
libro es uno de los protagonistas de la película, ya que narró junto con el
periodista estadounidense su colaboración con el FBI en la búsqueda y captura
de Mitnick.
En concreto, Shimomura es un hacker que trabaja para el
gobierno en la creación de sistemas de seguridad. Mitnick, que se encuentra en
libertad condicional por varios delitos informáticos, decide crear un nuevo
objetivo, aún más difícil que los anteriores, que le pondrá en el punto de mira
del FBI. El popular cracker se centra en uno de los sistemas creados por
Shimomura y sobre todo por un código que permite escuchar las conversaciones de
los teléfonos móviles.
En este film se recogen “las dos caras del hacker”. Por un
lado, el informático que utiliza sus conocimientos para colaborar con la
policía y desarrollar sistemas de seguridad gubernamentales, y el que tan solo
busca realizar delitos mediante el pirateo de programas.
Esta dualidad, representada en dos personas en la
película, está de actualidad aunque no por las mismas razones. En este caso, el
país norteamericano busca al “traidor” Edward
Snowden, como lo ha calificado el presidente de la Cámara de
Representantes, Ohio John Boehner. El genio de la informática, como lo ha
descrito la prensa estadounidense, ha publicado información confidencial del
país, pasando de trabajar para la CIA y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional)
a quebrantar la ley y convertirse en un fugitivo.
De esta forma se presenta un debate sobre los piratas informáticos:
¿Su calificación, positiva o negativa, depende de si colaboran o no con el
Gobierno? ¿Son Kevin Mitnick y Edward
Snowden héroes o villanos?